En el año 508 ac. Clístenes logró el paso necesario hacia la isonomia (igualdad ante la ley, de derechos políticos y de participación en los asuntos comunes aunados a la libertad de expresión que conlleva al autogobierno) que implicó la dotación de nuevas funciones político-administrativas a los ciudadanos los cuales se organizaban por tribus y éstas, a su vez, se subdividían en demoi que enviaban sus representantes al Consejo de los Quinientos. Los habitantes de las tribus no tenían nada en común excepto la ciudadanía que era la única fuente de solidaridad cívica. Con esto se debilitó la vieja estructura social y se incrementó el poder de los ciudadanos ordinarios.

Por: Andrea del Castillo Torre de Mer

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CONTENIDO:

1.-         Introducción.

1.1.-          Lo que nos separa de los griegos.

1.2.-          Las características más importantes de la democracia griega.

2.-         La identidad de la polis y su evolución hacia la isonomia.

3.-         El desarrollo hacia la democracia.

4.-         La era de Pericles: democracia y vida comunal.

5.-         Aristóteles y la tradición republicana.

6.-         Opinión personal.

1.- Introducción.

1.1.- Lo que nos separa de los griegos.

La multicitada democracia griega más parecía una aristocracia que una democracia ya que la mayoría de la población estaba excluida de ella porque no podían ser partícipes de la misma las mujeres, los metecos (extranjeros) ni los esclavos por no tener la condición de ciudadanos.

Nuestros sistemas democráticos modernos a los que el autor denomina como democracias liberales se asemejan más a una oligarquía que a una democracia.

1.2.- Las características más importantes de la democracia griega.

Las características más importantes de la democracia griega son las siguientes:

1. Asamblea o ekklesia.- que era el centro de poder y decisión del sistema político ateniense. Eran todos los ciudadanos que se reunían al menos cuarenta veces al año y votaban sobre leyes, finanzas, impuestos, relaciones exteriores, orden público, etc.

2. Los puestos ejecutivos que surgían de esta Asamblea no eran cargos de elección sino se manejaban a través del sorteo y por lo tanto eran desempeñados por breves períodos.

3. La justicia estaba en manos de jurados populares.

Aunque estas no son prácticas habituales para nosotros, la democracia ateniense funcionaba bastante bien y es así como encontramos críticas y simpatías con respecto a ella.

LOS PRINCIPALES CRÍTICOS de ella fueron Platón y Aristóteles quienes decían que en una democracia cada quien hacía lo que deseaba, entre otras cosas.

LAS SIMPATÍAS las encontramos en el género de la tragedia griega entre algunas obras de Esquilo y Eurípides, así como también entre algunos pensadores sofistas e historiadores.

2.- La identidad de la polis y su evolución hacia la isonomia.

Como es muy cierto “los griegos no tenían griegos a los que emular” y por eso debemos pensar que la democracia fue creada por sus propias acciones políticas concretas y esto provoca que ésta sea teóricamente concebible.

Los griegos y nosotros comprendemos a la política de diversa forma. Para ellos lo político era lo común, es decir lo que concernía a todos, que era diametralmente opuesto a lo privado, personal o particular. Es así como la polis misma se identifica con el cuerpo de ciudadanos al cual se le conocía como politeia, y la polis fundamentaba su identidad en la comunidad como conjunto la cual era la fuente de cualquier autoridad o poder.

Las actividades en las que se desarrollaban los ciudadanos estaban en un segundo plano con respecto a su integración política con su ciudad. La actividad preponderante del ciudadano griego era la política.

¿Cómo evoluciona el mundo griego para llegar a lo anterior?

Todo esto tiene sus inicios en el año 590 ac. con las reformas de un legislador que se llamó Solón. El objetivo de estas reformas era lograr una estabilidad política en Atenas y evitar el surgimiento de tiranías. Esto lo logró equilibrando los derechos y las obligaciones ciudadanos entre las distintas clases sociales y fomentando un compromiso de las mismas respecto de esa distribución.

En el año 508 ac. Clístenes logró el paso necesario hacia la isonomia (igualdad ante la ley, de derechos políticos y de participación en los asuntos comunes aunados a la libertad de expresión que conlleva al autogobierno) que implicó la dotación de nuevas funciones político-administrativas a los ciudadanos los cuales se organizaban por tribus y éstas, a su vez, se subdividían en demoi que enviaban sus representantes al Consejo de los Quinientos. Los habitantes de las tribus no tenían nada en común excepto la ciudadanía que era la única fuente de solidaridad cívica. Con esto se debilitó la vieja estructura social y se incrementó el poder de los ciudadanos ordinarios.

Clístenes también crea la institución del ostracismo, la cual exilia por diez años a aquellos ciudadanos que se temía se convirtieran en tiranos. Esta institución, que no se extendía a los familiares ni allegados de los exiliados, no se aplicaba arbitrariamente ya que se respetaban sus propiedades.

El Areópago que era un consejo de nobles que incluía a poderosos y a políticos experimentados convivió con el Consejo de los Quinientos hasta la época de Pericles, pero fue perdiendo fuerza paulatinamente en beneficio de los jurados populares y de la Asamblea hasta que este órgano de élite pierde todo su poder en el año 462 ac.

3.- El desarrollo hacia la democracia.

Finalmente podemos decir que llegó un momento en que todos los ciudadanos griegos tenían un juicio político autónomo en un sentido igualitario. El fundador de la corriente sofista, Protágoras, ejemplifica adecuadamente esta situación en su ya bien conocido mito de origen de la raza humana.

Es así como se llega a la idea de que es la polis la que crea seres humanos, no los seres humanos los que crean a la polis. No se trata de una igualdad absoluta sino únicamente una igualdad de juicio político.

También Pericles en su Oración Fúnebre define a la apatía política como un signo de incompetencia y falta de virtud.

“Somos los únicos, en efecto, que consideramos al que no participa de estas cosas, no ya un tranquilo, sino un inútil…”[1]

A diferencia de los sofistas, quienes buscaban enseñar la virtud para que los ciudadanos contribuyeran a los asuntos de la ciudad, Platón y Aristóteles afirmaron que el auténtico gobernante es el que sabe cómo gobernar, y que este saber sólo unos pocos pueden adquirirlo. Por esta razón se dice que estos dos filósofos de la Grecia clásica se oponían a la democracia y estaban a favor de educar más a los gobernantes que a la polis. Todo esto está contra la práctica democrática ateniense.

Alguno de los sofistas afirmaba lo siguiente:

“…me parece, Sócrates, que ha quedado suficientemente demostrado que tus conciudadanos aceptan con razón que un herrero o un zapatero les dé consejos sobre cuestiones políticas, y por qué consideran que la virtud puede enseñarse y proveerse.”[2]

4.- La era de Pericles: democracia y vida comunal.

Las reformas de Pericles son aquellas ya mencionadas en las cuales el Areópago pierde su poder a favor de la Asamblea, el Consejo de los Quinientos y los tribunales populares. La isonomia se extiende a procedimientos judiciales y se amplían las ventajas a los ciudadanos pobres. Esto da comienzo a la edad de oro de la democracia ateniense.

En esta época la vida comunal era crucial ya que la amistad que se inicia en el núcleo familiar desemboca en la polis creando un espíritu de solidaridad ciudadana. Eran los ciudadanos que debatían, elegían y actuaban concertadamente los que constituían la ciudad y no un aparato estatal. Todo esto a diferencia de las culturas del antiguo oriente como Persia o Egipto en donde no se desarrollan las virtudes cívicas de la ciudadanía.

LA ISONOMIA ayuda a que la democracia no produzca abusos ni excesos de poder al promover la sensatez, la templanza y el equilibrio como virtudes ciudadanas que luchan contra el mal gobierno, la discordia y las guerras civiles.

CONCEPTOS VINCULADOS A LA ISONOMIA SON LA ISEGORIA que es la capacidad para tomar la palabra en la Asamblea y la parresia que es el derecho a decirlo todo. Sin embargo, todo ciudadano era responsable de lo que decía y de los consejos que daba a la polis. Como ejemplo de esto tenemos el juicio de Sócrates acusado de corrupción a los jóvenes con sus enseñanzas.

5.- Aristóteles y la tradición republicana.

Aristóteles sienta las bases del republicanismo y su teoría mezcla elementos democráticos y otros que no lo son. Esta situación se explica a continuación.

Para este filósofo el hombre sólo se puede desarrollar en la esfera de la polis y por lo tanto ésta favorece el perfeccionamiento de los hombres y hace posible su acción concertada.

“…la ciudad es una de las cosas naturales y el hombre es, por naturaleza, un animal cívico. Y el enemigo de la sociedad ciudadana es, por naturaleza, y no por casualidad, o bien un ser inferior o más que un hombre…”[3]

Sin embargo, la mejor constitución no será la democrática sino aquella en la que se reúnan buenos gobernantes y gobernados para alcanzar la excelencia de la comunidad y que promueva el bien común. La importancia de esto último es lo que enmarca su acertada división de formas de gobierno. Es trascendental la educación cívica en todo este proceso.

6.- Opinión personal.

Considero que es de gran importancia el conocimiento de los inicios de la democracia griega ya que ésta es el punto de partida bajo el cual podemos comprender los demás tipos de democracias e incluso la más moderna de ellas.

De este resumen me llamó la atención la importancia que tiene la igualdad política entre clases sociales ya que es algo que en nuestro país se ha visto restringido en algunas de nuestras constituciones como lo fueron las centralistas, las cuales señalaban de manera elitista que no podían ser ciudadanos los que no obtuvieran una renta mínima anual, ni los que fueran analfabetas, ni tampoco los sirvientes domésticos. Esto nos demuestra cuán lejos estaba nuestra “democracia” en el siglo XIX de la democracia griega.

Como una servidora tiene gran afición por la historia griega y me parecieron sumamente interesantes los textos relacionados a la lectura, en este resumen me tomé la libertad de insertar algunos extractos.


[1] Tucídides: la Oración Fúnebre de Pericles.

[2] Platón: Ciudadanos políticamente competentes.

[3] Aristóteles: Virtud y excelencia cívicas –el inicio de la tradición republicana.

Si definir la democracia es explicar qué significa el vocablo, el problema se resuelve rápido; basta saber un poco de griego. La palabra significa, literalmente, poder (kratos) del pueblo (demos). Mas de esta manera habremos resuelto sólo un problema de etimología: únicamente se ha explicado el nombre. Y el problema de definir la democracia es mucho más complejo. El término democracia está para algo. ¿Para qué? El que la palabra democracia tenga un preciso significado literal o etimológico, no ayuda para nada a entender a cuál realidad corresponde ni cómo están construidas y funcionan las democracias posibles. No nos ayuda porque entre la palabra y su referencia, entre el nombre y la cosa, el paso es larguísimo.

Nuestras ideas son nuestros anteojos.

Alain

By Giovanni Sartori

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CONTENIDO:

1.-       Descripción y prescripción

2.-       Democracia política, social, económica

3.-       Democracia en singular y en plural

4.-       Las trampas

1.- Descripción y prescripción

Definir la democracia es importante porque establece qué cosa esperamos de la democracia. Si vamos a definir la democracia de manera “irreal”, no encontraremos nunca “realidades democráticas”. Y cuando de vez en cuando declaramos “esto es democracia” o “esto no lo es”, queda en claro que el juicio depende de la definición o de nuestra idea sobre qué es la democracia, qué puede ser o qué debe ser.

Si definir la democracia es explicar qué significa el vocablo, el problema se resuelve rápido; basta saber un poco de griego. La palabra significa, literalmente, poder (kratos) del pueblo (demos). Mas de esta manera habremos resuelto sólo un problema de etimología: únicamente se ha explicado el nombre. Y el problema de definir la democracia es mucho más complejo. El término democracia está para algo. ¿Para qué? El que la palabra democracia tenga un preciso significado literal o etimológico, no ayuda para nada a entender a cuál realidad corresponde ni cómo están construidas y funcionan las democracias posibles. No nos ayuda porque entre la palabra y su referencia, entre el nombre y la cosa, el paso es larguísimo.

Ya que el significado literal del término corresponde poco y mal a su referencia, ¿cómo remediar esto? A primera vista puede parecer que la solución es fácil. Si es verdad que la dicción nos desvía, ¿por qué denominar las cosas con etiquetas que no corresponden? Se ha constatado que las democracias son de hecho “poliarquías”.[1] Admitida la afirmación como exacta, ¿por qué no llamarlas así? La respuesta es que aun cuando el término democracia no nos sirve para fines descriptivos, es necesario para efectos normativos. Un sistema democrático es ubicado por una deontología[2] democrática y ello porque la democracia es y no puede ser desligada de aquello que la democracia debería ser. Una experiencia democrática se desarrolla a horcajadas sobre el desnivel entre el deber ser y el ser, a lo largo de la trayectoria signada por las aspiraciones ideales, que siempre van más allá de las condiciones reales.

De ello deriva que el problema de definir a la democracia se desdobla, porque, si por un lado la democracia requiere de una definición prescriptiva, por el otro no se puede ignorar la definición descriptiva. Sin la verificación, la prescripción es “irreal”; pero sin el ideal una democracia “no es tal”. Detengamos nuestra atención sobre este punto: la democracia tiene, en primer lugar, una definición normativa; pero de ello no se concluye que el deber ser de la democracia sea la democracia y que el ideal democrático defina la realidad democrática. Es un grave error cambiar una prescripción por una verificación; y tanto más frecuente sea el error, tanto más las democracias quedan expuestas a malentendidos y trampas.

Tómese la trampa principal: la tesis difundida y creída por más de medio siglo de que las democracias eran dos, una occidental y otra comunista. ¿Cómo es que la tesis de las “dos democracias” ha sido demostrada? Precisamente haciendo una comparación engañosa entre el ser y el deber ser. La demostración seria exige dos formas de confrontación: una dirigida a los ideales y otra a los hechos. En cambio la falsa demostración unifica y entrecruza las confrontaciones de la siguiente manera: comparando los ideales (no realizados) del comunismo, con los hechos (y los errores) de las democracias liberales. De este modo se gana siempre, pero sólo en el papel. La democracia alternativa del Este —aun cuando fuese llamada democracia popular— era un ideal sin realidad.

Como se comprende, la distinción entre democracia en sentido prescriptivo y democracia en sentido descriptivo, es verdaderamente fundamental. Cierto es que por un lado complica el planteamiento, pero, por el otro, lo limpia y lo pone en orden.

2.- Democracia política, social, económica

El término democracia desde siempre ha indicado una entidad política, una forma de Estado y de gobierno, y así ha permanecido como la acepción primaria del término. Sin embargo, si hoy hablamos también de democracia social y democracia económica, sería oportuno establecer qué entendemos por ello.

La noción de democracia social surge con Tocqueville en su obra Democracia en América. Al visitar Estados Unidos en 1831, Tocqueville quedó impresionado, sobre todo por el estado de la sociedad que Europa no conocía. Se recuerda que, en cuanto a su sistema político, Estados Unidos declaraba ser entonces una república y no, todavía, una democracia. Fue entonces que Tocqueville, con criterio sociológico, percibió la democracia estadunidense como una sociedad caracterizada por una igualdad de condiciones y guiada, preponderantemente, por un “espíritu igualitario”. Aquel espíritu igualitario, en parte, reflejaba la ausencia de un pasado feudal; pero expresaba, también, una profunda característica del espíritu estadunidense.

Así pues, democracia no es aquí lo contrario de régimen opresor, de tiranía, sino de “aristocracia”: una estructura social horizontal en lugar de una estructura social vertical. Después de Tocqueville es Bryce quien mejor representa a la democracia como ethos, como un modo de vivir y convivir y, en consecuencia, como una condición general de la sociedad. Para Bryce (1888) democracia es, prioritariamente, un concepto político; pero también para él la democracia estadunidense se caracterizaba por una “igualdad de estima”, por un ethos igualitario que se resuelve en el valor igual con el que las personas se reconocen las unas a las otras. Entonces, en la acepción original del término, “democracia social” revela una sociedad cuyo ethos exige a sus propios miembros, verse y tratarse socialmente como iguales.

De la acepción original se puede deducir en forma fácil otro significado de “democracia social”: el conjunto de las democracias primarias —pequeñas comunidades y asociaciones voluntarias concretas— que vigorizan y alimentan a la democracia desde la base, a partir de la sociedad civil. En este sentido, un término preñado de significado es el de “sociedad multi-grupal”, o sea aquella estructurada en grupos que se autogobiernan. En consecuencia, aquí democracia social está en la infraestructura de las microdemocracias, las cuales sirven de base a la macrodemocracia de conjunto, a la superestructura política.

Democracia económica es, a primera vista, una expresión que se explica por sí misma. Pero sólo en principio, porque desde el momento en que la democracia política se apoya sobre la igualdad jurídico-política, y la democracia social se apoya primariamente sobre la igualdad de estatus, en esa secuencia la democracia económica está por la igualdad económica, por la eliminación de los extremos de pobreza y riqueza y, en consecuencia, por una redistribución que persigue el bienestar generalizado. Esta es la interpretación que podemos llamar intuitiva de la expresión; pero la “democracia económica” adquiere un significado preciso y caracterizador de subespecie de la “democracia industrial”.

El concepto se remonta a Sidney y Beatrice Webb, quienes en 1897 escribieron Industrial Democracy, obra sólida coronada posteriormente con otra sobre un sistema político: Constitutionfor the Socialist Common- wealth ofGreat Britain (1920). Aquí el argumento es nítido. Democracia económica es la democracia en el lugar de trabajo y dentro de la organización y la gestión del trabajo. En la sociedad industrial el trabajo se concreta en las fábricas y, entonces, es en la fábrica donde se hace necesario situar a la democracia. De esta manera, al miembro de la ciudad política, al polítes, lo sustituye el miembro de una comunidad económica concreta, el trabajador, de tal modo que se reconstituye la microdemocracia o, mejor dicho, se instaura una miríada de microdemocracias en las que se da, conjuntamente, la titularidad y el ejercicio del poder. En su forma acabada, la democracia industrial se representa, entonces, como el autogobierno del trabajador en la propia sede del trabajo, del obrero en la propia fábrica; un autogobierno local que debería estar integrado a nivel nacional por una democracia funcional, es decir, por un sistema político fundado sobre criterios de representación funcional, de representación del trabajo y la competencia.

En la práctica, la democracia industrial ha encontrado su encarnación más avanzada en la “autogestión” yugoslava, una experiencia que ya se considera fracasada en cuanto a la economía y falaz en lo político. Por regla, y con mayor éxito, la democracia industrial se ha afirmado sobre fórmulas de la participación obrera en la conducción de la empresa —la Mitbestimmung alemana— y sus prácticas institucionalizadas de consulta entre la dirección empresarial y los sindicatos. Una vía alterna es la acción obrera, la cual puede ser concebida y diseñada como una forma de democracia industrial pero que, de por sí, implica copropiedad y participación en las ganancias más que democratización.

Democracia económica se presta, asimismo para de un modo muy general ser entendida como la visión marxista de la democracia, en función de la premisa de que la política y sus estructuras son solamente “sobrestructuras” que reflejan un subyacente Unterbau económico. Que el mucho discurrir sobre democracia económica sea de amplia inspiración marxista (es decir, que descienda de la interpretación materialista de la historia) está fuera de dudas. Sin embargo, las propiamente dichas y precisamente formuladas “teorías económicas de la democracia” que surgen con Anthony Downs (1957) y que luego se han desarrollado, en general, en términos de social choice, de teoría de opciones sociales, provienen de economistas y no tienen ninguna influencia marxista: se valen de conceptos y analogías de la ciencia económica para interpretar procesos políticos (Buchanan y Tullock, 1962; Riker, 1982).

El hecho es que el marxismo —cuando menos, desde Marx a Lenin— juega bien contra la democracia, a la que declara capitalista y burguesa; pero juega mal en su propia casa, es decir, cuando se trata de explicar cuál es la democracia que reivindica para sí, la democracia del comunismo realizado. En Estado y Revolución Lenin dice y se contradice; pero, al final, su conclusión es que el comunismo, aboliendo la política, al mismo tiempo cancela la democracia (véase Sartori, 1987, pp. 461-466). En tal sentido el marxismo no despliega una democracia económica. Lo que se refuta es que la democracia económica y la teoría económica de la democracia son, no obstante la similitud de las expresiones, cosas totalmente ajenas una de la otra.

Puestas en claro las diferencias, ¿cuál es la relación entre democracia política, democracia social y democracia económica? Ocurre aquí que la, primera es condición necesaria de las otras. Las democracias en sentido social y/o económico amplían y completan la democracia en sentido político; cuando existen, son también democracias más auténticas, ya que son microdemocracias, democracias de pequeños grupos. Por lo demás, si no existe democracia en el sistema político, las pequeñas democracias sociales y de fábrica corren el riesgo, a cada momento, de ser destruidas o amordazadas. Por ello “democracia” sin adjetivos se entiende como democracia política. Entre ésta y las otras democracias, la diferencia es que la democracia política es supraordenada y condicionante, y las otras son subordinadas y condicionadas. Si falta la democracia mayor, con facilidad faltan las democracias menores; lo cual explica por qué la democracia haya sido siempre un concepto preminentemente desarrollado y teorizado como sistema político.

3.- Democracia en singular y en plural

Sobre la base de que la democracia tout court, sin adjetivos, se entiende como democracia política, ¿debemos hablar así también de democracia en singular, o tal vez, de democracia en plural?

A nivel empírico es claro que las democracias son de tipo diverso. Por ejemplo: de tipo presidencial o parlamentario, de tipo francés o inglés; proporcionales o mayoritarias, y así sucesivamenre. Pero el problema atropella perjudicialmente la teoría, el nivel especulativo, y se discute si existe un filón central, una teoría mainstream, o si tal vez sólo existen teorías democráticas en plural, que sean alternativas e irreductibles una con otras. La primera tesis concibe la teoría de la democracia (en singular) como un tronco del que después nacen múltiples ramas. La segunda, en cambio, sostiene que no existe un tronco, que las democracias (en plural) constituyen en sí un árbol cada una.

¿Cuáles son o serían estas teorías irreductiblemente diferentes? Las enumeraciones abundan. Por un lado, se insiste sobre la oposición entre una llamada teoría clásica y, por otro lado, la teoría llamada a menudo competitiva, pluralista o schumpeteriana de la democracia. De igual manera, la oposición ritual es entre teoría participativa y teoría representativa. Barry Holden (1974) plantea sin rodeos su análisis alrededor de cinco núcleos de teoría democrática: 1. radical, 2. neorradical, 3. pluralista, 4. elitista, 5. liberal-democrática.[3]

De una vez digo que ninguna de estas separaciones —entendidas precisamente como separaciones entre teorías alternativas, de las que hay que escoger— me convence. Que las mencionadas separaciones no se sostienen, es lo que iremos viendo poco a poco. Pero para indicar inmediatamente su inconsistencia, basta citar la distinción entre teoría pres- criptiva y teoría descriptiva, con la premisa de que una teoría de la democracia, si lo es de verdad, debe comprender a ambas. Una teoría que sea sólo prescriptiva o sólo descriptiva es una teoría parcial, incompleta y, como tal, una subteoría (que no es un árbol en sí).

Para ilustrarlo, tomemos la llamada teoría participativa. Para colocarla como alternativa de la teoría representativa de la democracia (que es la teoría de conjunto) es necesario hacer una teoría que igualmente las comprenda. Pero los participacionistas tienen en la mano sólo un engranaje; y por más que lo hagan grande, un engranaje no hace un reloj: una parte del todo no puede substituir al todo.[4] Y lo mismo vale para otras presuntas teorías alternativas: clásica, radical, elitista y similares.

La tesis de las múltiples teorías se contrapone a la teoría completa, a la teoría de conjunto; un grupo de porciones de teoría, de subteorías incompletas que caen en el clásico error de la pars pro toto, de suplantar el todo por una parte. Por lo tanto, y contrariamente, yo sostendré que la teoría de la democracia (en singular) está dividida únicamente por la discontinuidad que separa la democracia de los antiguos de la democracia de los modernos, y que esta última es fundamentalmente una: la teoría de la democracia liberal. Bien entendido, de este mainstream, o filón central se expanden muchas vetas. También es lícito ir en pos de la teoría de conjunto partiendo de teorías parciales. Así, la representación puede ser analizada en nombre de la participación, la explicación descriptiva en nombre de instancias morales, la macrodemocracia en nombre de las pequeñas democracias y asi sucesivamente. Se puede afirmar entonces que la teoría completa de la democracia es conjuntamente a) descriptiva y prescriptiva y, también b) es aplicación de la teoría a la práctica. Hoy es la teoría del Estado liberal-democrático.

4.- Las trampas

Definir la democracia —lo estamos viendo— no es nada simple ni fácil. “Democracia” es una palabra que se usa en largos discursos. Al desarrollar los planteamientos debemos cuidamos de toda clase de trampas. La insidia de fondo —y siempre recurrente— es el simplismo y por ello (en frase de Lenin) “la enfermedad mortal del infantilismo”. Es cierto que se debe hacer fácil, en lo posible, la idea de democracia, ya que la ciudad democrática exige más que cualquier otra que sus propios principios y mecanismos sean generalmente entendidos. Pero de mucha simplificación también se puede morir. El único modo de resolver los problemas es conociéndolos, saber que existen. El simplismo los cancela y, así, los agrava.

El simplismo democrático no es necesariamente simple; baste decir que también las “grandes simplificaciones” se prestan para ser elaboradas, se hacen sutiles y se desarrollan en cientos de páginas. De una elemental “idea fija” somos capaces de levantar una pagoda. El simplismo honesto, declarado, no me inquieta más de lo que debe; sin embargo, el “simplismo-pagoda” me inquieta mucho y será, en los próximos capítulos, mi blanco de ataque.

Decía que el discurso sobre la democracia está lleno de trampas. El primer engaño es el terminológico: discutir sobre la palabra ignorando la cosa. Es el simplismo que trataré primero bajo la expresión “democracia etimológica” o literal. El segundo simplismo es el “realístico” o mejor dicho, del realismo malo: declarar que lo que cuenta es lo real y para nada lo ideal. El tercer simplismo es, por el contrario, el “perfeccionista”: el ideal a toda marcha y en dosis siempre en aumento. Después de tales engaños mi hilo expositor será el convertir lo ideal en real: cuál es la relación correcta entre deber ser y ser. Todos más o menos sabemos (es lo fácil) cómo y cuál debería ser la democracia ideal; mas muy poco se sabe (es lo difícil) acerca de las condiciones de la democracia posible.

La empresa es de gran aliento porque la democracia que debemos comprender es —insisto— la democracia política. Respecto de aquel optimum que se encuentra en los específicos microcosmos sociales, la democracia política —entendida como la reducción de las múltiples voluntades de millones de personas a un único comando— es sólo el último y más pálido reflejo. Entre una experiencia democrática en pequeño y una experiencia democrática en grande hay un abismo. La humanidad ha penado durante más de dos mil años para establecer un puente entre las dos riberas; y en el paso del grupo primario y de las pequeñas sociedades democráticas actuales a la democracia de los grandes números y de los ausentes —-vale decir, de poblaciones enteras y de naciones— es preciso dejar por el camino muchos de los requisitos que aseguran la autenticidad de una experiencia democrática. La democracia política es la que actúa —para fines democráticos— en las peores condiciones posibles; y no se puede esperar de la democracia a gran escala, de la difícil democracia política, lo que se obtiene de la democracia a pequeña escala.


[1] Ver R.A. Dahl (1956) pp. 63-89; pero en particular la obra subsiguiente, Paliarchy

(1971).

[2] Deontología quiere decir literalmente “planteamiento sobre lo que es debido”. El término ha sido introducido por Bentham, que ha usado la deontología como sinónimo de “ciencia de la moralidad”. En cambio, en este contexto se usa sin ninguna referencia ética específica, para aludir, en general, a aquella dimensión de nuestra existencia que se hace, lingüísticamente, con un debe o un debería.

[3] Análogamente Held (1987) organiza su análisis con base en nueve “modelos de democracia”. De ello deriva una construcción artificial que me parece distorsionante.

[4] Baste notar que los participacionistas ignoran o hacen a un lado la teoría constitucional de la democracia y, en consecuencia, la democracia como forma de Estado y de gobierno. El participacionismo se examinará más adelante, V.6, VI.8 y VIII.2.

Los términos forma de gobierno y modelo de gobierno son empleados usualmente, aunque de forma impropia, para referirse al concepto de forma de Estado o modelo de Estado: propiamente este último no sólo comprende el poder, sino además el territorio y la población. Las distintas formas clásicas de clasificar las formas de Estado (federal, confederal, regional) también se suelen denominar formas de gobierno en los textos políticos y filosóficos por la contracción lingüística "forma de gobierno del Estado" y "forma política del Estado" en "forma del Estado".

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CONTENIDO:

1.-       FORMAS DE ESTADO Y FORMAS DE GOBIERNO.

2.-       FORMAS DE ESTADO.

2.1.-    DOS GRANDES GRUPOS DE FORMAS

2.2.-    ESTADO UNITARIO.

2.2.1.-     Estados unitarios puros

2.2.2.-     Estados unitarios regionalizados

2.2.3.-     Estados regionales

2.2.4.-     Estados federales.

2.3.-    El término formas de gobierno.

3.-       CLASIFICACIÓN DE LAS FORMAS DE GOBIERNO. REPÚBLICA Y MONARQUÍA.

3.1.-    Clasificaciones clásicas de las formas de Gobierno.

3.1.1.-     Platón

3.1.2.-     Aristóteles

3.1.3.-     Polibio.

3.1.4.-     Maquiavelo y las formas de Gobierno.

3.1.5.-     Montesquieu

3.2.-    Gobierno republicano, monárquico, despótico y república.

3.2.1.-     Rousseau

3.2.2.-     Kant

3.2.3.-     Marxismo.

3.2.4.-     Hannah Arendt

3.2.5.-     Juan José Linz

3.3.-    Clasificación de las formas de gobierno actuales

3.3.1.-     Definición de República.

3.3.2.-     Repúblicas parlamentarias

3.3.3.-     Repúblicas presidencialistas.

3.3.4.-     Repúblicas semipresidencialistas

3.3.5.-     Repúblicas unipartidistas

3.3.6.-     Monarquías

3.3.7.-     LAS FORMAS DE MONARQUÍA.

3.3.8.-     Monarquías constitucionales o parlamentarias.

3.3.9.-     Monarquías absolutas

4.-       PRESIDENCIALISMO Y PARLAMENTARISMO.

4.1.-    EL PRESIDENCIALISMO

4.1.1.-     Orígenes del sistema presidencial

4.1.2.-     El concepto de separación.

4.1.3.-     Ventajas y desventajas del presidencialismo.

4.2.-    El Parlamentarismo

4.2.1.-     Antecedentes históricos

4.2.2.-     Los romanos y el sistema senatorial

4.2.3.-     Primer antecedente de parlamentarismo

4.2.4.-     Parlamentos medievales

4.2.5.-     El parlamentarismo como un sistema político

4.2.6.-     Modelos de parlamentarismo.

4.2.7.-     Ventajas e inconvenientes del parlamentarismo.

4.2.8.-     Sistema parlamentario y la separación o división de poderes

4.2.9.-     Doctrinariamente, características básicas del Parlamentarismo.

5.-       El Caso español.

1.- FORMAS DE ESTADO Y FORMAS DE GOBIERNO.

Los términos forma de gobierno y modelo de gobierno son empleados usualmente, aunque de forma impropia, para referirse al concepto de forma de Estado o modelo de Estado: propiamente este último no sólo comprende el poder, sino además el territorio y la población. Las distintas formas clásicas de clasificar las formas de Estado (federal, confederal, regional) también se suelen denominar formas de gobierno en los textos políticos y filosóficos por la contracción lingüística "forma de gobierno del Estado" y "forma política del Estado" en "forma del Estado".

Por su parte, la expresión forma política del Estado se utiliza incluso en textos constitucionales para designar la forma de gobierno

También se utilizan con ambigüedad estos términos frente al de sistema político que alude también a la estructura y funcionamiento de los poderes públicos. No obstante, mientras que una forma de gobierno (o sistema de gobierno o régimen político) es una manera de ejercitar los distintos tipos de poder por parte del gobierno, y una estructura de gobierno es la forma en la que se organiza dicho poder; un sistema político es el sistema en el que se encuentra inmerso dicho poder y en el cual ha de desenvolverse para conseguir su objetivo. Entendido así, el concepto forma de gobierno posee una connotación más estática y simple pues se refiere aisladamente a las instituciones de gobierno o al resto de actores políticos que inciden sobre ellas, y no a la interdependencia del conjunto (sistema político) y al proceso de toma de decisiones de gobierno, por su propia naturaleza más dinámico y cambiante.

2.- FORMAS DE ESTADO.

Forma de Estado, organización territorial del Estado o modelo de Estado son distintas expresiones usadas en los textos legislativos y en la bibliografía para expresar un concepto de derecho constitucional que hace referencia a las diversas formas de organización o modelos que los Estados pueden adoptar en base a la relación o articulación que pretenden establecer entre sus tres elementos constitutivos: el territorio, la población y el poder.

2.1.- DOS GRANDES GRUPOS DE FORMAS

En función de ello se distinguen dos grandes grupos de formas, modelos u organizaciones territoriales del Estado:

En primer lugar, el Estado unitario, donde pueblo, territorio y poder son homogéneos, uniformes y simples, y la relación entre ellos es unívoca y directa.

En segundo lugar, el Estado complejo, resultante de la carencia de homogeneidad entre los tres elementos mencionados, produciéndose una diversificación en la estructura de su ordenamiento jurídico (Estado federal, confederal, regional).

2.2.- ESTADO UNITARIO.

Estado unitario Un Estado Unitario es aquel en donde existe un solo centro de poder político que extiende su accionar a lo largo de todo el territorio del respectivo Estado, mediante sus agentes y autoridades locales, delegadas de ese mismo poder central. Además cuenta con un solo poder legislativo que legisla para todo el país; un poder judicial, que aplica el derecho vigente a todo el territorio del Estado y que en su seno se establece una Corte Suprema de Justicia, la cual tiene jurisdicción a nivel nacional, un solo poder ejecutivo que esta conformado por todos los gobernantes (presidente, gobernadores, alcaldes...); y además cuenta con una sola constitución política que rige en todo el territorio y a la cual se hallan sometidas todas las autoridades y habitantes del Estado. En otras palabras en el Estado unitario se da la cuádruple unidad: unidad de ordenamiento jurídico (derecho), unidad de autoridades gubernativas, unidad de gobernados o destinatarios del ordenamiento jurídico y de las decisiones políticas y unidad de territorio.

2.2.1.- Estados unitarios puros

Estados unitarios puros. Los estados unitarios puros conforman una sola entidad con un gobierno estatal único, sin ninguna división administrativa. El único estado unitario puro es Montenegro.

2.2.2.- Estados unitarios regionalizados

Estados unitarios regionalizados. El estado unitario regionalizado o estado centralizado es un estado dividido en diversas zonas o regiones político-administrativas que no son autónomas en sus regímenes internos. Los gobernantes de las regiones son designados directamente por el gobierno central. Los siguientes estados son estados centralizados:

2.2.3.- Estados regionales

Los estados regionales o descentralizados son estados con un pasado centralista, pero que progresivamente han otorgado mayor autonomía a las diversas regiones que los conforman. El grado de autonomía varia dependiendo del estado, y si el grado de autonomía es bastante elevado los estados regionales suelen ser considerados "federaciones de facto". En este caso la única diferencia entre el estado federal y el estado regional es el origen de las atribuciones: en los estados regionales el gobierno central ha cedido o devuelto algunos derechos y competencias a la región, mientras que en los estados federados son las regiones las que han cedido algunas de sus atribuciones al poder central.

Debido a que el grado de autonomía puede variar sustancialmente con el tiempo, esta clasificación no es excluyente y a menudo es muy ambigua, es decir, algunos estados que han permitido el desarrollo de asambleas regionales locales con poderes muy limitados aun son considerados estados centralizados (como Francia), otros han permitido un elevado grado de autonomía (como Italia, España y el Reino Unido), y otros ya se han convertido en federaciones propiamente tales (como Bélgica). Si las regiones reciben la autonomía que gozaban en el pasado (como derecho histórico), el proceso de descentralización a menudo es llamado "proceso de devolución".

2.2.4.- Estados federales.

Las federaciones son estados conformados por entidades soberanas y autónomas. El estatus autónomo de estas entidades no puede ser alterado de manera unilateral por el gobierno central, aunque pueden existir excepciones (como el caso de Argentina, donde el gobierno federal ha intervenido en diversas ocasiones en las provincias; y en México, mediante la figura de la desaparición de poderes en los estados).

2.3.- El término formas de gobierno.

El término formas de gobierno hace referencia al modelo de organización del poder constitucional que adopta un Estado en función de la relación existente entre los distintos poderes.

La manera en la que se estructura el poder político para ejercer su autoridad en el Estado hace que cada forma de gobierno necesite unos mecanismos de regulación característicos. Los modelos políticos varían de un Estado a otro y de una época histórica a otra.

La formulación de los modelos políticos se justifica como plasmación política de un proyecto ideológico. La denominación del modelo suele incorporarse al nombre oficial del estado con términos que no responden a criterios comunes que permitan definir por sí solos su régimen político. Hay distintas nomenclaturas para denominar las distintas formas de gobierno, desde los teóricos de la Antigüedad hasta la Edad Contemporánea

3.- CLASIFICACIÓN DE LAS FORMAS DE GOBIERNO. REPÚBLICA Y MONARQUÍA.

3.1.- Clasificaciones clásicas de las formas de Gobierno.

Clasificaciones clásicas de las formas de gobierno. No ha habido históricamente acuerdo en la determinación de las diferentes formas de gobierno o de estado, desde la antigüedad clásica hasta la Edad Contemporánea:

3.1.1.- Platón

- la forma perfecta, aristocracia o gobierno de los filósofos;

- las formas degeneradas: timocracia u oligarquía de los ricos (timé: honor; oligos: unos pocos), democracia de las masas (demos: el pueblo) y tiranía de un usurpador.

3.1.2.- Aristóteles

Aristóteles, que mezcla un criterio numérico (atendiendo al número de personas que ejercen el poder) y un criterio cualitativo (atendiendo al bien público)

- formas puras o perfectas: monarquía, aristocracia y democracia;

- formas impuras o corruptas: respectivamente degeneradas de las perfectas: tiranía, oligarquía y demagogia.

3.1.3.- Polibio.

Polibio define la forma de gobierno mixto o gobierno constitucional que combina las tres formas puras aristotélicas en un sistema de equilibrio de poderes, y que estarían representadas en las instituciones romanas: consulado, el senado y los comicios. La ruptura del equilibrio hace caer en la sedición o la tiranía. Esta definición sería seguida por el pensamiento político medieval y de comienzos de la Edad Moderna (Tomás de Aquino, Dante, Padre Suárez)

3.1.4.- Maquiavelo y las formas de Gobierno.

Maquiavelo, en El Príncipe (1513), sólo reconoce dos formas: todos los Estados o son Repúblicas o son Principados; pero también utilizó la historia de la Roma antigua para recomendar un gobierno mixto de las tres formas políticas clásicas en su Discurso sobre la Primera Década de Tito Livio[3]

3.1.5.- Montesquieu

Montesquieu (Del Espíritu de las Leyes, 1748) modifica la clasificación aristotélica con la distinción entre monarquía, despotismo y república; y dentro de ésta entre democracia y aristocracia.

3.2.- Gobierno republicano, monárquico, despótico y república.

El gobierno republicano es aquel en que el pueblo, en cuerpo o solo parte de él, ejerce la potestad soberana, el monárquico es aquel en que gobierna uno solo, pero con arreglo a leyes fijas y establecidas, el despótico es aquel en que uno solo, sin ley ni regla, lo dirige todo a voluntad y capricho, la república en donde el poder soberano está en manos de parte del pueblo tiene una aristocracia.

3.2.1.- Rousseau

Rousseau distingue democracia, aristocracia y monarquía, como Aristóteles, pero sentencia que se confunden en su ejercicio.

3.2.2.- Kant

Kant distingue más bien entre formas de soberanía, ya en el contexto histórico de la Revolución francesa.

3.2.3.- Marxismo.

El pensamiento político marxista se centra en el componente de la clase social del Estado como superestructura jurídico política que justifica y asegura la posición de las clases dominantes y las relaciones sociales de cada modo de producción (esclavista, feudal, capitalista). En la época contemporánea habría formas de estado democrático-burgués y distintas formas de estado autoritario o dictatorial, como las dictaduras fascistas. Como forma de transición hacia una teórica sociedad comunista (sin clases) se postula la existencia de la dictadura del proletariado.

3.2.4.- Hannah Arendt

Hannah Arendt introdujo la oposición entre totalitarismo y pluralismo.

3.2.5.- Juan José Linz

Juan José Linz distinguió, dentro de las formas de gobierno dictatoriales o no democráticas, entre autoritarismo y totalitarismo.

3.3.- Clasificación de las formas de gobierno actuales

3.3.1.- Definición de República.

Una república es la forma de gobierno en la que el jefe del estado no es un monarca, sino un cargo público cuyo ocupante no tiene derecho por sí mismo a ejercerlo, sino que lo ha obtenido mediante un procedimiento de elección pública y está sometido al escrutinio público –ambas cosas en teoría–, y su denominación es compatible con sistemas unipartidistas, dictatoriales y totalitarios. Aunque el republicanismo identifica como valores republicanos los de la Revolución francesa (libertad, igualdad y fraternidad), no es posible identificar históricamente república con democracia o igualdad ante la ley o con la elección de todos los cargos de forma democrática. Desde el propio nacimiento del concepto en la Edad Antigua, con la República romana.

3.3.2.- Repúblicas parlamentarias

El parlamentarismo es un sistema de organización política en la que la rama ejecutiva del gobierno depende del apoyo directo o indirecto del parlamento, a menudo expresado por medio de un voto de confianza. El poder ejecutivo de las repúblicas parlamentarias proviene y depende del poder legislativo; el jefe de gobierno (llamado “primer ministro”) a veces es el líder del partido o coalición con mayor representación en el parlamento o cuerpo legislativo. Existe también un jefe de Estado independiente (llamado “presidente” con poderes limitados, simbólicos o meramente ceremoniales).

3.3.3.- Repúblicas presidencialistas.

Los sistemas presidencialistas tienen una clara soberanía y separación de poderes de gobierno; el ejecutivo es elegido de manera independiente de la rama legislativa, la cual a menudo se conoce como “congreso”. El jefe de gobierno es a la vez jefe de Estado (llamado “presidente”) y por tanto no existe el cargo de primer ministro.

3.3.4.- Repúblicas semipresidencialistas

En los sistemas semipresidencialistas existe un primer ministro (jefe de gobierno) y un presidente (jefe de Estado), el poder ejecutivo es compartido o "bicéfalo". A diferencia de los sistemas parlamentarios el presidente no es una figura ceremonial, sino que posee algunos poderes ejecutivos y se encarga de algunas áreas del gobierno. El presidente a menudo se elige de manera separada de la rama legislativa.

3.3.5.- Repúblicas unipartidistas

Las repúblicas unipartidistas son estados en los que un partido único tiene todo el poder en el gobierno o estados en que la estructura del partido es a la vez la estructura del gobierno y que no permiten la creación de otros partidos (o si existen otros partidos, tienen una representación muy limitada). En los estados apartidistas no se permite la creación de ningún partido político.

3.3.6.- Monarquías

Las monarquías son sistemas de gobierno en que la jefatura del estado es personal, vitalicia y designada según un orden hereditario (monarquía hereditaria), aunque en algunos casos se elige, bien por cooptación del propio monarca, bien por un grupo selecto (monarquía electiva -las monarquías de los pueblos germánicos o la primitiva monarquía romana-).

3.3.7.- LAS FORMAS DE MONARQUÍA.

Las formas de monarquía, tal como se sucedieron históricamente en Europa Occidental entre la Edad Media y la Edad Moderna, fueron la monarquía feudal (durante la Plena Edad Media), la monarquía autoritaria (desde la crisis bajomedieval) y la monarquía absoluta (desde el siglo XVII). La crisis del Antiguo Régimen significó, en su aspecto político, su sustitución por repúblicas o por formas de monarquía con poderes limitados: la monarquía parlamentaria que se desarrolló con la Revolución inglesa y las monarquías constitucionales que se desarrollaron en el continente europeo. La diferencia inicial consistía en que mientras la monarquía parlamentaria inglesa –cuya tradición consuetudinaria determinó que no hubiera un único documento que puediera denominarse constitución escrita– ponía el poder esencial en manos del parlamento, en la monarquía constitucional los textos constitucionales determinaban más o menos explícitamente la cuestión de la soberanía, pudiendo atribuirla sin más a la nación (soberanía nacional) o al pueblo (soberanía popular) o establecer un cierto grado de soberanía compartida entre el rey y el parlamento. En cuanto a la institución parlamentaria, tanto en las monarquías parlamentarias como en las constitucionales, era elegida inicialmente mediante sufragio censitario por un cuerpo electoral de definición cada vez más amplia, hasta llegar al sufragio universal masculino a finales del siglo XX. El fortalecimiento del control parlamentario de la actividad del gobierno e incluso de su mismo nombramiento fue haciéndose indistinguible en ambas monarquías, de modo que desde el siglo XX no hay diferencias significativas entre ellas; al tiempo que se han reducido en importancia las diferencias existentes con los sistemas republicanos democráticos.

3.3.8.- Monarquías constitucionales o parlamentarias.

Monarquías constitucionales o parlamentarias. Tanto en las monarquías constitucionales como en las monarquías parlamentarias actuales, el monarca, aun manteniendo su posición como el jefe de estado, tiene poderes muy limitados o meramente simbólicos o ceremoniales. El poder ejecutivo es ejercido en su nombre por el gobierno, dirigido por un jefe de gobierno, primer ministro o presidente del gobierno. Éste es nombrado a través de procedimientos fijados por la ley o la costumbre, que en la práctica significan el nombramiento del líder del partido o coalición con mayor representación en un parlamento o cuerpo legislativo elegido democráticamente.

Monarquías semiconstitucionales. A pesar de regirse por un texto constitucional y poseer instituciones legislativas elegidas, judiciales con mayor o menor independencia y un ejecutivo dirigido por un primer ministro; el monarca conserva poderes significativos, que puede utilizar a discreción, y control sobre todos los poderes, de forma en cierto modo similar a como se ejercía el poder monárquico con una carta otorgada.

3.3.9.- Monarquías absolutas

Las monarquías absolutas son regímenes monárquicos en los que el monarca tiene el poder absoluto del gobierno.

4.- PRESIDENCIALISMO Y PARLAMENTARISMO.

4.1.- EL PRESIDENCIALISMO

Se denomina presidencialismo o sistema presidencial a aquella forma de gobierno en el que, constituida una República, la Constitución establece una división de poderes entre el poder legislativo, poder ejecutivo, poder judicial y el Jefe del Estado, además de ostentar la representación formal del país, es también parte activa del poder ejecutivo, como Jefe de Gobierno. Ejerciendo, pues, una doble función porque le corresponden facultades propias del Gobierno, siendo elegido de forma directa por los votantes y no por el Congreso o Parlamento. La república democrática presidencialista más conocida en la historia contemporánea es Estados Unidos.

El presidente es el órgano que ostenta el poder ejecutivo mientras que el poder legislativo lo suele concentrar el congreso, sin perjuicio de las facultades que en materia legislativa posee el presidente.

4.1.1.- Orígenes del sistema presidencial

El sistema presidencial debe sus orígenes al arquetipo de las monarquías absolutas de Europa, sobre todo la de Francia, en las cuales la autoridad ejecutiva residía en la corona, no en las asambleas representativas de los estamentos, como ocurría en el caso del Parlamento de Inglaterra.

4.1.2.- El concepto de separación.

El concepto de separación de poderes fue consagrado en la Constitución de los Estados Unidos de América, de 1787, con la creación del cargo de Presidente de Estados Unidos y, a la vez, del Congreso de Estados Unidos, sistema donde el presidente era el jefe del Estado, pero responsable de sus actos ante el Congreso. Curiosamente, Inglaterra y Escocia fueron los primeros países en adoptar el parlamentarismo (desde 1707 como el Reino de Gran Bretaña, y desde 1801 como el Reino Unido) las facultades del ejecutivo –el monarca– se redujo a un papel ceremonial, y a la vez una nueva autoridad ejecutiva, responsable ante el parlamento, se fue desarrollando –el Primer Ministro–, mientras las atribuciones del ejecutivo separado de los Estados Unidos fueron aumentando, por ejemplo, el presidente designa a la mayoría de funcionarios públicos (entre ellos los miembros del gabinete, aunque estos deben ser ratificados por el Senado).

4.1.3.- Ventajas y desventajas del presidencialismo.

Ventajas y desventajas del presidencialismo. El modelo presidencial convive, pero se opone al modelo parlamentario. Y es en este sentido cuando se tratan las ventajas y desventajas de cada uno de dichos sistemas de gobierno.

Se presentan como PRINCIPALES VENTAJAS del presidencialismo:

- Separación de poderes clara y suficiente entre el ejecutivo y el legislativo.

- Inexistencia de vinculación del poder ejecutivo con el partido político mayoritario en el Congreso, evitando caer en partitocracias.

Se mencionan como DESVENTAJAS PRINCIPALES frente al sistema parlamentario:

- Menor representación del conjunto social, en la medida que las decisiones no se consensúan en muchas ocasiones entre distintas facciones políticas representadas en el Congreso.

- Menor capacidad de respuesta frente a una crisis de gobierno, en la medida que el Congreso no puede cambiar el poder ejecutivo adoptando la moción de censura.

- Tendencia al bipartidismo como su forma más estable, debido a la necesidad de financiación y la falta de identidad política.

Tratando de recoger las ventajas de ambos sistemas y eludir sus desventajas se han generado los sistemas semipresidenciales.

4.2.- El Parlamentarismo

El Parlamentarismo, también conocido como sistema parlamentario, es un mecanismo en el que la elección del gobierno (poder ejecutivo) emana del parlamento (poder legislativo) y es responsable políticamente ante este. A esto se le conoce como principio de confianza política, en el sentido de que los poderes legislativo y ejecutivo están estrechamente vinculados, dependiendo el ejecutivo de la confianza del parlamento para subsistir.

4.2.1.- Antecedentes históricos

Las primeras noticias de asambleas electas con poder ejecutivo remiten a la antigüedad clásica, en concreto a las ciudades-estado de Grecia, donde la democracia ateniense es el ejemplo de democracia parlamentaria más extremo conocido –dado que todos los ciudadanos formaban parte del Parlamento, la Ecclesia–. Estructuras parecidas se encuentran en la Antigua Roma, donde el Senado acaparaba todos los poderes ejecutivos del Estado romano, aunque en materia legislativa se veía sometido a las decisiones de los tribunos y los "comicios". El Senado romano estaba formado principalmente por las élites aristocráticas romanas, los patricios, y marginaba en un primer momento a los senadores plebeyos al atribuirles un rango diferente al de los senadores patricios, a saber, el de "conscripti". Con la instauración del régimen imperial, el Senado se convirtió en una cámara consultiva y con alguna competencia en el ámbito municipal de la ciudad de Roma.

4.2.2.- Los romanos y el sistema senatorial

Los romanos exportaron el sistema senatorial a las colonias provinciales, donde los senados hacían las veces de órganos municipales encargados de la administración de las ciudades que contaban con uno. Con la caída del Imperio Romano de Occidente, algunas de las ciudades de influencia latina de la península italiana mantuvieron las cámaras municipales, que desembocarían en órganos ejecutivos de las incipientes ciudades estado italianas. Las asambleas y comunas de las Repúblicas de Florencia, Venecia, Génova y Pisa pueden rastrearse en origen a tales asambleas, y aunque su poder se viera reducido a territorios de escasa extensión, su influencia dentro de la política internacional podía ser grande, por ejemplo durante las guerras entre güelfos y gibelinos a partir del siglo XIII.

En los territorios capturados por los pueblos germánicos, se prolongaron a veces las costumbres tribales de los conquistadores, convocándose asambleas de la nobleza germánica en tiempos de crisis o de necesidad; sin embargo, de tales parlamentos sólo participaban la nobleza y, en alguna ocasión, el clero, y sus decisiones solían quedar supeditadas a las del monarca.

4.2.3.- Primer antecedente de parlamentarismo

En este contexto, a veces se menciona como primer antecedente de parlamentarismo en Europa Occidental a las Cortes del Reino de León en 1188, dado que en éstas el poder del monarca se vio sometido a las decisiones de una asamblea de notables formados por clero, nobles, y representantes de las ciudades. Esta estructura de "Cortes" o "Parlamentos" se se repitió de manera continua en todos los estados de Europa Occidental, siendo ejemplos de ello las asambleas de los "Estados Generales" en el reino de Francia, las "Cortes" de los reinos de la Corona de Aragón, el "Parlamento" del reino de Inglaterra,... A partir del siglo XIII, los monarcas franceses serán los primeros en insistir en la inclusión del "Tercer Estado", el pueblo –en realidad, la incipiente burguesía–, en las asambleas de los Estados Generales, dado que los burgueses solían alinearse con el Rey en contra de los intereses de la nobleza.

4.2.4.- Parlamentos medievales

El poder de estos parlamentos medievales dependía en gran medida de la propia influencia del monarca. Como los parlamentos se convocaban de manera puntual para tratar asuntos tales como la recaudación de impuestos extraordinarios para sufragar guerras, un monarca poderoso, rico e influyente tenía muchas más posibilidades de influir y conseguir del parlamento sus objetivos. En general, conforme avanzó el tiempo los monarcas medievales fueron ganando en poder y riquezas, y pudieron contar con los recursos suficientes como para imponerse a su nobleza y anular en buena medida la influencia de las decisiones de los parlamentos. Hubo, no obstante, dos grandes excepciones a esta tendencia. Por un lado, la del Sacro Imperio Romano Germánico, en el que el "parlamento" o colegio electoral jamás trascendió de ser una cámara para la elección usualmente comprada con sobornos o hecha por motivos de interés político del nuevo emperador, de manera que el Sacro Emperador no dejó de ser un primero entre iguales cuya autoridad sobre el resto de principados alemanes era tan sólo teórica.

La segunda excepción, no tan extrema, es la del reino de Inglaterra. En 1215, el débil rey de Inglaterra Juan Sin Tierra se ve forzado a capitular ante la amenaza de rebelión de sus barones, y concede al parlamento formado por los nobles y el clero, una carta real, la Carta Magna, en la que reconoce a ambos grupos una serie de privilegios y prerrogativas que reducen la influencia del monarca a favor de la del Parlamento. Tales privilegios tendrán que ser respetados por los subsiguientes monarcas, y aunque en apariencia algunos monarcas poderosos como Enrique VIII o Isabel I puedan imponerse al Parlamento, éste seguirá reuniéndose de manera habitual, casi de forma anual, algo bastante menos usual en otros reinos europeos como Francia, Dinamarca o Castilla.

4.2.5.- El parlamentarismo como un sistema político

El parlamentarismo, entendido como un sistema político en el que el poder político reside mayoritariamente en un parlamento surge precisamente en Inglaterra hacia 1640, cuando a raíz de un conflicto entre el rey Carlos I y su parlamento, el monarca declara la guerra al parlamento y aboca al país a una guerra civil de la que sale perdedor el Rey. En ese tiempo, el Parlamento inglés asumió para sí los poderes del estado durante un breve plazo de tiempo, hasta que Cromwell instaura la dictadura en 1649. No obstante, ésta primera irrupción del modelo va a mostrar ya sus rasgos fundamentales. En primer lugar, el Parlamento era una asamblea popular elegida por los ciudadanos en igualdad de condiciones y que gozaba de todos los poderes del Estado, sin que fuera posible violentar su autonomía; en segundo lugar, lo que hoy conocemos como el poder ejecutivo estaba sometido plenamente a la asamblea; y en tercer lugar, el parlamento sólo podía ser disuelto por el propio pueblo que lo había elegido. El triunfo definitivo del régimen parlamentario ocurre con la Revolución Gloriosa en 1688, a partir del cual el Reino Unido aplicó el mismo de manera integral. La instalación en el trono de Inglaterra de la casa de Hanover rubricará el parlamentarismo en Inglaterra, al delegar los monarcas hanoverianos todo su teórico poder en manos del parlamento.

En el continente europeo se habrá de esperar hasta la Revolución francesa para que se atisbe un modelo de representación democrático-parlamentario similar, que indisolublemente va unido a la división de poderes formulada por Montesquieu.

4.2.6.- Modelos de parlamentarismo.

Modelos de parlamentarismo En uno y otro caso, el distinto origen del parlamentarismo dará lugar a diferenciar dos modelos básicos: el modelo inglés surge antes de los movimientos obreros y es una conquista de la burguesía frente al absolutismo y al feudalismo, por lo tanto su desarrollo no se verá impugnado por los propios beneficiarios. En el modelo continental, la burguesía no tardará en encontrarse con la respuesta de los grupos socialistas y el parlamentarismo -en cuanto poder absoluto del pueblo que se refleja en una asamblea- se mitigó en sus primeros intentos por temor a que las propias teorías permitieran el acceso de una mayoría de trabajadores a las instituciones.

4.2.7.- Ventajas e inconvenientes del parlamentarismo.

Ventajas e inconvenientes del parlamentarismo El modelo parlamentario convive pero se opone al modelo presidencialista. Y es en este sentido cuando se tratan las ventajas y desventajas de cada uno de dichos sistemas de gobierno.

Se reconocen como ventajas del sistema parlamentario:

- Mayor representación del conjunto social en la medida que las decisiones deben consensuarse en muchas ocasiones entre distintas facciones políticas representadas en el Parlamento.

- Mejor capacidad de respuesta frente a una crisis de gobierno en la medida que puede cambiar el poder ejecutivo adoptando la moción de censura.

Se señalan como desventajas frente al Presidencialismo:

- Separación de poderes atenuada entre el ejecutivo y el legislativo.

- Excesiva vinculación del poder ejecutivo con el partido político mayoritario en el Parlamento, pudiendo derivar en partitocracia.

- Su forma más estable termina siendo el bipartidismo.

Tratando de recoger las ventajas de ambos sistemas y eludir sus desventajas se tiende a utilizar sistemas semipresidenciales.

4.2.8.- Sistema parlamentario y la separación o división de poderes

En el caso del sistema parlamentario, la separación o división de poderes se encuentra atenuada, implantándose un régimen de colaboración entre poderes. En este caso, las facultades de control se encuentran muy desarrolladas, y los poderes del Estado se pueden afectar mutuamente. Inclusive, y bajo circunstancias determinadas, alguno de los órganos del Estado puede revocar el mandato de otro: Así por ejemplo, el poder ejecutivo puede disolver al Parlamento o éste puede censurar a miembros del Ejecutivo y obligarlo a renunciar. Estas facultades buscan generar el mismo efecto que venimos reseñando, evitar la hegemonía de un órgano sobre los otros y conseguir el equilibrio.

El caso de sistema de gobierno el que hacemos mención se da en regímenes parlamentarios o con tendencia parlamentaria, los cuales incluyen rasgos que también podemos encontrar en los llamados regímenes de naturaleza mixta, como el caso del semipresidencialismo francés.

4.2.9.- Doctrinariamente, características básicas del Parlamentarismo.

Doctrinariamente, se reconocen como características básicas de todo régimen Parlamentario o con tendencia parlamentaria a las siguientes:

- Un Ejecutivo dual, en el cual coexisten, en primer término, un jefe de Estado quien cuenta con atribuciones puntuales y en general muy restringidas, y obra como "Árbitro" o “mediador” de los problemas políticos; y un Jefe de Gobierno, que funciona a través de un órgano colegiado llamado Gabinete o Consejo de Ministros a cuya cabeza se encuentra el llamado Primer Ministro, quien es el funcionario que efectivamente dirige la política interna de la Nación.

- Marcada dependencia entre los órganos Ejecutivo y legislativo. En realidad el Gobierno surge del Parlamento, el cual es, en principio, el único órgano elegido por voluntad popular. También pueden existir sistemas como los de órganos colegiados denominados supremos, que, con el pretexto de mantener la gobernabilidad suprimen derechos de los ciudadanos y obligaciones del gobierno.

- Un Parlamento, que es, por lo menos teóricamente, el sustento de la labor gubernamental, tal que puede destituir ministros mediante la censura o la negación de la confianza. A la vez, el Jefe de Estado o el Presidente del Gobierno puede ordenar la disolución del Parlamento en casos de graves controversias en las cuales puedan estar en riesgo la gobernabilidad de la Nación o la legitimidad de la dirigencia de su clase política.

5.- El Caso español.

Así las cosas, una lectura aislada del artículo 62 de la vigente Constitución española, relativo a las funciones del monarca, podría conducir, de inmediato, a la falsa conclusión de que la monarquía española no es parlamentaria sino constitucional (en el sentido en que eran constitucionales las monarquías del siglo XIX) pues el precepto referido atribuye al monarca, entre otras, las funciones de sancionar las leyes; convocar y disolver las Cortes; convocar a referéndum; proponer candidato a la presidencia del Gobierno y en su caso, nombrarlo, así como poner fin a sus funciones; nombrar y separar a los miembros del Gobierno, a propuesta de su presidente; expedir los Decretos acordados en el Consejo de Ministros, el mando de las fuerzas armadas o el ejercicio de la prerrogativa de gracia. Ocurre, sin embargo, que la interpretación

sistemática de ese artículo 62 conduce a conclusiones muy diferentes –opuestas, en realidad– a las que se derivan de su lectura aislada del contexto general de la ley fundamental. Aunque, por circunstancias que tuvieron que ver muy probablemente con la coyuntura política concreta en que la Constitución se elaboró, el constituyente decidiese mantener una buena parte de la simbología y las solemnidades formales propias de las monarquías constitucionales –al igual que se mantenían, a la sazón, en algunas de las Constituciones monárquicas europeas que estaban vigentes cuando la española se aprobó– la pura verdad es que el Rey de España no ejerce en realidad ninguna de las supuestas competencias que la Constitución parece atribuirle o lo hace sólo formalmente, de modo que su potestad no consiste en otra cosas que en revestir de la forma adecuada, a través de actos debidos, decisiones políticas de otros órganos del Estado o previsiones automáticas de la Constitución.

El Rey sanciona las leyes, pero la sanción, por ser obligatoria, se convierte en una mera solemnidad certificante, que no afecta para nada al proceso de aprobación y entrada en vigor de las leyes; el Rey convoca y disuelve las Cortes, pero mientras la convocatoria se produce según las previsiones automáticas establecidas en la propia Constitución y en las leyes o reglamentos que vienen a darle desarrollo, la disolución –que constituyó un poder efectivo de los monarcas constitucionales decimonónicos de extraordinaria trascendencia– sólo se produce en supuestos tasados, de modo que en ellos se limita el Rey a formalizar la decisión del presidente del Gobierno (disolución anticipada) o a dar la forma constitucionalmente requerida a las disoluciones que, ope legis, tienen lugar en los supuestos de transcurso del período de cuatro años de mandato parlamentario, de incapacidad del Congreso para elegir presidente a través de la votación de investidura o de disolución tras la aprobación de un proyecto de revisión, ex artículo 168, de la Constitución; el Rey convoca a referéndum, pero la decisión política de convocar la consulta corresponde en realidad al presidente del Gobierno, que sólo puede adoptarla tras haber sido autorizado para ello por la mayoría absoluta del Congreso; el Rey propone candidato a la presidencia del Gobierno y en su caso, lo nombra, y pone fin a sus funciones: pero mientras en la proposición tiene el Rey sólo el margen de maniobra que le deja el resultado electoral, que constituye el dato determinante de la propuesta del monarca, sus facultades de nombramiento y, eventualmente, de cese, son tasadas, puesto que el Rey debe proceder al nombramiento siempre que el presidente ha sido elegido por el Congreso de los Diputados y debe firmar el Decreto de cese en los supuestos en que la Constitución determina el fin de las funciones presidenciales; el Rey nombra y separa a los miembros del Gobierno, a propuesta de su presidente del Gobierno, que es, en realidad, quien decide políticamente nombrar y separar a sus ministros mediante Decretos que serán meramente formalizados por el Jefe del Estado; el Rey expide los Decretos acordados en el Consejo de Ministros, pero es el Consejo, en todo caso, quien decide su contenido material, correspondiendo al Rey, de nuevo, una mera facultad de formalización certificante; el Rey ejercita de la prerrogativa de gracia, que corresponde en realidad al Consejo de Ministros; y al Rey corresponde el mando de las fuerzas armadas, que no es un mando real sino simbólico.